miércoles, 30 de septiembre de 2009

LAS DULCES PROMESAS

En tiempos de crisis y a la conquista de dirigentes de opiniones y caracteres variables se suele apelar a promesas de ocasión. Decía Ortega y Gasset que era un acto de inmoralidad buscar el poder sin establecer previamente un ideal gubernativo. Era de esperar que las promesas entre pusilánimes fueran devoradas por la realidad que muchas veces es más rotunda y terrible de lo deseado y esperado.

Cerrando un año pésimo, sin financiamiento externo, los clubes habrán sostenido una fiesta más acorde a los noventa que a la de una Argentina que se encamina a su primer bicentenario con muchas dudas y zozobras. Sus camisetas seguirán esperando publicidades que le den un poco, tan solo un poco, de esperanzas. 
Los beneficios que asignan el timorato y sus secuaces a esta altura cada día resultan mas escandalosos. Las canchas "neutrales" las monopolizan dos o tres clubes o se hace demagogía mandando a jugar a chiqueros sin seguridad, sin medidas reglamentarias ni vestuarios. Mientras tanto defenestran una cancha que no pertenece a un club afiliado de la Liga pero vuelven a programar en otra en la que el sábado hubo escándalos de proporciones y que el año pasado estuvo suspendida por el COPROSEDE por meses. Vergonzoso.
Nada nuevo bajo el sol. El único consuelo es que lo único permanente es el cambio.

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